Se conocen en las montañas, se enamoraron remando en kayak, y él le pidió matrimonio flotando en medio de un río. La ceremonia fue en la iglesia de Guápulo, con su fachada colonial y ese aire de otro tiempo. Luego, la fiesta en La Palma Polo Club, al aire libre, con buena música y los pies descalzos sobre el césped. Entre amigos, familiares y alguna que otra mochila de montaña, celebraron un amor que huele a bosque húmedo y a aventura compartida. Una boda sin grandes artificios, solo la alegría de dos personas que saben que la vida es mejor cuando se vive al aire libre. 📸