Ya estaban casados. Y tenían una hijita chiquita que se sumó a la aventura. Se pusieron el vestido y el traje otra vez, subieron al Antisana, y caminaron por el páramo con la niña en brazos. Ella se reía, él le acomodaba el abrigo, y la pequeña miraba todo con ojos grandes. No hicieron grandes poses, solo abrazarse, aguantar el frío, y ser familia. Las fotos salieron con ese aire tierno de las cosas simples. 📸