Caminaron despacio por los senderos del Parque Metropolitano, ella con una mano en la panza y él con la mochila al hombro. El sol se filtraba entre los eucaliptos, pintando el camino de sombras y luz. Se detuvieron en una pequeña colina, se miraron, y él le susurró algo al vientre. No hubo poses forzadas, solo una tarde tranquila, el canto de los pájaros, y la espera de quien está por llegar. Las fotos salieron con olor a tierra mojada y a domingo bien vivido. 📸