Subieron hasta Ilaló en la tarde, cuando el sol ya no quemaba y el valle se teñía de dorado. Ella llevaba un vestido sencillo, él la miraba como si fuera la primera vez. Caminaron entre piedras y pasto seco, se detuvieron a mirar Quito desde lo alto, y entonces él se arrodilló para hablarle a la panza. La montaña fue testigo de ese diálogo silencioso. Una sesión de embarazo sin artificios, solo una pareja, un cerro, y la certeza de que algo hermoso está por nacer. 📸