Caminaron despacio entre orquídeas y senderos de tierra. Él llevaba una mochila, ella una panza redonda que apenas le dejaba ver los pies. Se sentaron en un banco de piedra, se rieron de algo que solo ellos entendieron, y entonces él apoyó la mano en su vientre. El Jardín Botánico de Quito fue el escenario perfecto: flores, árboles centenarios, y esa luz suave que solo dan las tardes de abril. Una sesión de embarazo sencilla, sin poses rígidas. Solo ellos, su bebé, y la calma de lo que está por llegar. 📸