Todo empezó donde ellos empezaron: en el campo. La ceremonia fue en la Iglesia Guitig, con esa calma de las iglesias de pueblo. Luego, la fiesta en la Hacienda San José, entre jardines que parecían sacados de un cuento. Ella, con un vestido traído de Miami, él, impecable. Y en medio, el baile con sus papás, los abrazos espontáneos, y esa sensación de que la vida en el campo les queda bien. Una boda bohemia, campestre y mágica, justo como la habían soñado. 📸