Madrugaron, agarraron abrigos, y subieron al Cotopaxi. El volcán amaneció despejado, el páramo se veía interminable, y ellos caminaron sin rumbo por el pajonal. No hicieron grandes poses. Solo se miraron, se rieron del frío, y él le acomodó el velo cada vez que el viento lo volaba. Las fotos salieron con ese aire de las cosas que no se fuerzan. 📸