Subieron hasta la laguna de la Mica, con el Antisana imponente al fondo. El aire era frío, pero se abrazaron tan fuerte que parecía que el viento no les llegaba. Caminaron por el páramo, se sentaron en una roca a mirar el reflejo del volcán en el agua, y él le regaló un beso que los cóndores vieron desde lejos. Una sesión de pareja sencilla, sin poses, solo ellos, la montaña y el silencio de los lugares sagrados. Las fotos salieron con olor a pajonal y a eternidad. 📸