En la tradición oriental, cada detalle cuenta. Llegaron al páramo con la intención de honrar sus raíces frente al volcán más imponente de los Andes. Él le acomodó el cuello, ella sonrió mirando el horizonte. No hicieron grandes poses, solo caminaron entre pajonales y se detuvieron a escuchar el viento. Una sesión de pareja que fue un puente silencioso entre dos mundos: el simbolismo milenario y la inmensidad del Cotopaxi. Las fotos hablan de respeto, de encuentro, de una historia que trasciende fronteras. 📸