Ya estaban casados. Pero no querían guardar el vestido y el traje en el armario. Subieron al Cotopaxi una tarde nublada, se abrigaron como pudieron, y caminaron por el páramo sin rumbo fijo. El volcán se despejó unos minutos, justo el tiempo para unas fotos. No hicieron poses raras, solo abrazarse, reír del frío, y aguantar el viento. Las fotos salieron con ese aire de las cosas que no se fuerzan. 📸