Ya se habían casado una semana antes. Pero no querían guardar el vestido y el traje en el clóset. Subieron al Cotopaxi una tarde cualquiera, sin invitados ni fiesta. El viento les jugaba en contra, la cola del vestido se llenó de paja, y él le prestó su chaqueta. No hicieron nada raro: solo caminaron, se rieron del frío, y se tomaron un par de fotos sin forzar. Las que salieron son las más reales. 📸