Tuvieron suerte. El cielo amaneció tan despejado que se veía cada grieta del volcán. Subieron a la Reserva Cayambe Coca con el vestido, el traje, y una energía distinta. Él, con sus raíces asiáticas muy presentes, le acomodó el velo con una calma que parecía meditación. Caminaron entre lagunas, se rieron del frío, y no hicieron poses raras. Solo caminar, abrazarse, y agradecer el día. Las fotos salieron con ese brillo de las mañanas que no se olvidan. 📸